Buscando donde radica la gracia en un dicho popular

Admitámoslo,  nuestro idioma tiene una gran cantidad de dichos populares que nos llevan, en muchísimas ocasiones, a la hilaridad. En efecto, el número de refranes graciosos españoles es tan elevado que no son pocos los que afirman que esa es precisamente su principal característica. Así que vamos a ver cómo podemos entender este universo y buscar, sobre todo, aquellos dichos que más se ajusten al patrón “qué gracioso es esto”, porque aunque parezca asunto sencillo, en absoluto lo es…

Empecemos: lo primero que tiene que tener un refrán gracioso es ritmo. Un refrán muy corto no vale, pero uno demasiado largo tampoco. Esta regla se complementa con otra esencial: las palabras que han de usarse tienen que ser accesibles, nada de palabros que solamente entienden los más eruditos.

Tacos: ¿a favor o en contra? Los refranes son muy de incluir algunas palabras gruesas que les dan un sabor tradicional. En este caso lo que nosotros pensamos es que lo más interesante del asunto siempre ha de resultar la justa medida: sin pasarse, pero sin evitar este léxico que todos comprendemos y que, dicho con el gracejo adecuado, puede mover a la hilaridad de una forma más que certera.

Es necesario también que el refrán incluya algún dicho o modismo de una zona en particular. De acuerdo, tal vez así solamente lo entiendan los lugareños, pero si hacemos el esfuerzo por entender esa palabra que nunca hemos oído antes, a buen seguro terminaremos por saber apreciarla en su justa medida.

No podemos olvidar una cuestión que casi es de vida o muerte: el refrán será mucho más gracioso si el hecho que cuenta ha ocurrido con anterioridad. En efecto, si conocemos a alguien a quien se le puede aplicar un refrán determinado estaremos mucho más cerca de reírnos con la sentencia que sanciona ese dicho popular.refranes segunda opción (1)

Por descontado, los refranes que tienen rima son todavía más jocosos y mueven a la hilaridad con mayor rapidez. En estos casos suelen ser en forma de pareados, pero nosotros te animamos a que los uses para que así puedas tener un resultado muchísimo más conveniente para hacerte el gracioso en una reunión de amigos en la que puedas terminar, con una sentencia florida, una conversación.

Y para terminar, vamos a ponerte tarea. ¿Cuántos refranes te sabes? ¿Cuántos cumplen todas las normas que acabamos de establecer? ¿Serías capaz que ponérnoslos en un comentario para que comprobemos hasta qué punto has asumido todo lo que estamos diciendo? Pues hale,  ya tienes ejercicios de verano. Olvídate de esos cuadernos aburridos que las editoriales sacan para torturar a los niños y jóvenes durante la época estival y súmate a nuestra campaña de dignificación de los refranes. Seguro que al final te conviertes en un experto…

 

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